Con paquetes como la experiencia «Guest Club», los particulares pueden tener acceso a un evento altamente exclusivo que no sería lo mismo sin los beneficios adicionales.

Un profesional especializado en el sector de la moda puede asistir tranquilamente a más de cien espectáculos de pasarela durante la temporada de semanas de la moda, desde diseñadores emergentes hasta marcas establecidas como Burberry, acumulando horas de creaciones hermosas, extrañas, intrincadas y emblemáticas, desplegadas en escenarios preparados para la ocasión. Se trata de una maratón intercontinental exclusiva a la que los participantes —compradores, la prensa, celebridades y famosos— son invitados estratégicamente. Los amantes de la moda y los curiosos que quieran asistir a un espectáculo de pasarela, por placer o por la novedad, pueden comprar tickets a precios a partir de cien libras. El principal inconveniente es que los modelos pueden tardar diez minutos en desfilar por la pasarela en la colección de un diseñador. Por suerte, estos tickets suelen comprarse como parte de paquetes que ofrecen experiencias suplementarias que complementan el evento principal, reforzando así esta breve explosión visual.

Como me excluyeron de la lista de invitados, me aseguré la asistencia a la Semana de la Moda con la experiencia «Guest Club», un paquete de 520 £ más IVA que incluye un asiento en un espectáculo de pasarela, una charla de un miembro veterano de la prensa de moda británica, acceso a los Designer Showrooms de la Semana de la Moda de Londres, donde los diseñadores presentan sus próximas colecciones, y un desayuno en The Delaunay. El paquete que incluye un almuerzo o cena de dos platos cuesta 30 libras más, pero para conseguir un codiciado asiento en la primera fila, los precios van desde 1700 £ más IVA hasta 5000 £ más IVA, en función del diseñador.  Yo me registré para ver uno de los primeros espectáculos de la semana, la esperadísima última colección del diseñador A Sai Ta y primera pasarela independiente, programada para las 11:00. La charla sobre espectáculos de moda y la exposición iban a tener lugar en The Store Studios, fuera del cual los fotógrafos escudriñaban y los fashionistas posaban. Esta excéntrica muestra de autoexpresión predominó durante la mayor parte de la mañana, pero fue bellamente compensada por el encanto clásico de The Delaunay, una brasserie elegante donde empecé el día con un «desayuno con champán». La comida estaba deliciosa y el café era excelente. El ambiente era sofisticado (debido a la decoración y a la multitud) y de satisfacción (gracias al Bellini y a las napolitanas).

The Delaunay fue una experiencia muy positiva, pero no hace falta comprar un ticket para la Semana de la Moda para comer ahí. El verdadero valor añadido de la experiencia Guest Club, en mi opinión, fue la charla de media hora que dio un profesional del sector. En un auditorio íntimo, donde nos ofrecieron bolsas de regalo y más champán, tuve el placer de sentarme a escuchar a Andrew Tucker. Tucker, periodista y jefe de estudios del Máster en Periodismo de Moda del London College of Fashion, habló de la increíblemente polifacética y compleja industria de la moda, la progresión de la Semana de la Moda de Londres, en qué se diferencia de las de Nueva York, Milán y París (es más atrevida y menos formal), y, más acorde con el evento, de la marca de A Sai Ta, Asai. Había mucha información en esta charla: desde la manera en que el estilo londinense toma su forma en tiempos de adversidad política o económica (hay que esperar extravagancia en esta época de delirio con el Brexit), pasando por el creciente interés por los trajes de tres piezas hasta la forma en que los jóvenes diseñadores están encontrando maneras de ser autosuficientes en lugar de aumentar la producción bajo el patrocinio de consorcios como Kering o LVMH. En cuanto a A Sai Ta, cuyo espectáculo íbamos a ver enseguida, aprendimos cosas sobre la manera en que teje su herencia vietnamita-china-británica en sus diseños y envoltorios, así como sobre su uso inteligente del «sobrehilado», una técnica de puntadas que le ha permitido elaborar ropa asequible con un look de autor, posicionando su marca no solo como atractiva a nivel conceptual, sino también como viable desde el punto de vista comercial.

También oímos declaraciones arrolladoras cuestionables. «Hace cinco años, nadie llevaba vestidos», dijo Tucker. Y «Nadie se pone ya vaqueros», con lo que se refería a los vaqueros habituales o a los pitillos, en contraposición a los vaqueros puros sin forma que lucía.

La crítica abunda en cualquier disciplina creativa, pero la Semana de la Moda, además de ser un instrumento económico, va mucho más de celebración; la ropa teatral de los influencers del sector es una oportunidad de que te hagan fotos, sí, pero también de ponerse esas prendas tan extravagantes y poco prácticas que provocan una enorme alegría. «¡Me encantan tus botas!», dijo una asistente a otra en el baño. Entre la multitud que observaba con detenimiento los Designer Showrooms se respiraba un ambiente de cordialidad y emoción que alcanzó su punto álgido al final del espectáculo de A Sai Ta. Más interesante que la ráfaga de modelos que desfilaban, envueltas en conjuntos cuya complejidad es más fácil de apreciar en las fotos, es saber todo lo que se ha invertido en la creación de la colección y todo el trabajo duro que está por venir. Cuando A Sai Ta cruzó el escenario al final de su espectáculo, fue maravilloso formar parte de la multitud que lo aplaudía.

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